Sueños, promesas, ilusión, deseo, amor… cada uno con su significado, sus correspondientes sentimientos, sus alegrías y sus penas. No pude evitar el deseo de sumergirme y nadar en alguno de ellos, llegando con algunos a un éxtasis de alegría, felicidad, vivacidad y fulgor, consiguiendo así dar sentido a la vida y por tanto a mi ser, nunca antes había conseguido llegar a un estado tan anímico. Ser capaz de olvidar los problemas y sonreír a cada instante de la vida, despertar cada mañana y saber que todo sigue igual, igual de perfecto…Nadar en estos mares en calma me había rejuvenecido, curado de un mundo que siempre me hizo sentirme mal con todo lo que me rodea e incluso conmigo mismo, simplemente fue mi medicina para cerrar por un tiempo esa caja de Pandora que no pude evitar abrir tiempo atrás en mi cabeza y que por tanto tiempo me había condenado.
Ahora me acuerdo de aquel día, aquella noche aparentemente en calma, arropado por un manto de estrellas mientras flotaba en el mar del amor, como siempre todo parecía perfecto, pase horas quieto, grabando en mis recuerdos ese momento, cerré los ojos, fue entonces cuando sentí como una enorme ola me golpeaba…
Intente mover ligeramente las piernas para mantenerme a flote, pero algo me impedía su movimiento, fue entonces cuando me vi obligado a abrir los ojos y observar a mi alrededor, todo había cambiado bruscamente, me encontraba sumergido en el fondo, en la penumbra del mar, mis pies estaban enmarañados junto a las algas y el fango, sentía como me quedaba sin aire, acababa de conocer la cara amarga de los mares…
El frio empezó a recorrer mi cuerpo estremeciéndolo bruscamente, no pude evitar mirar hacia arriba viendo así lo lejos que me encontraba de la superficie, todo cuanto podía hacer parecía inútil. Intente desenmarañarme los pies sin éxito, a estas horas no esperaba que nadie pudiera salvarme. Solo me quedaba resignarme a lo evidente…
Sentí como algo empezó a golpear mi cara, yo no podía mover ni un musculo, intente desesperadamente abrir los ojos siendo deslumbrado por un enérgico sol. Mis ojos necesitaron algunos segundos para ser capaces de enfocar algo con claridad, fue entonces cuando vi como una gaviota me miraba sorprendida. Aun no era consciente de donde me encontraba, todo cuanto recordaba era haber sucumbido en el fondo del inmenso mar.
Cuando por fin fui capaz de recobrar el aliento levante la cabeza y me senté, no podía creerlo, me encontraba tirado en la playa, delante mío tenía de nuevo al mismísimo mar, aquel que tantas alegrías me había concedido y que apunto había estado de terminar con mi vida. Lo mire con incredulidad, con respeto… Tras lo ocurrido la última noche solo fui capaz de pensar que tardaría en volver a nadar en sus aguas.





